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jueves, 15 de octubre de 2015

Las reinas de los 60 - MARIANNE FAITHFULL - ANITA PALLENBERG - "The Swinguin Londn"

Aunque para algunos hayan quedado eternizadas como aquellas rubias salvajes que acompañaron a los Stones en los swinging sixties, Marianne Faithfull y Anita Pallenberg sobrevivieron al agite de la escena mundial y a sus correspondientes infiernos personales para demostrarle al siglo XXI que tienen resto. Ahora, cuando son ellas las que rondan los 60, siguen siendo amigas y especulan con salir de gira como dúo cómico, mientras hacen tiempo sacando discos (Marianne)o editando exitosas revistas de moda (Anita).

Anita Pallenberg y Marianne Faithfull eran quizá las mujeres más fabulosas de los '60. Encarnaban la época y se movían en todos los círculos hip con una facilidad asombrosa. Musas rubias, bellísimas y misteriosas, formaban una pareja glamorosa que se hizo definitivamente célebre cuando entraron al círculo de los Rolling Stones:
  Marianne como la novia de Mick Jagger (y amante de Keith Richards),
  Anita como novia de Brian Jones y después larga pareja de Keith Richards, con quien tiene dos hijos. Las rubias fatales se separaron de los Stones en los años '70, pero dejaron su marca en la banda en más de un sentido: Marianne escribió la mítica canción "Sister Morphine" e inspiró muchas más como "Let's Spend The Night Together", "She's Like a Rainbow" (en las que Jagger celebraba sus años felices) y "Wild Horses", el adiós definitivo del cantante a su novia. Anita fue la que sugirió los coros tribales de "Sympathy for the Devil" y la protagonista de otras canciones célebres como "Beast of Burden" o "Happy". Para bien o para mal, se las congeló como las salvajes mujeres de los Stones, aunque ambas tenían sus propias e interesantes carreras. En los '60, Marianne brillaba como cantante pop y actriz: 

protagonizó la película de culto La chica de la motocicleta con Alain Delon e hizo el papel de Lilith en la oscura Lucifer Rising de Kenneth Anger en 1972; Anita Pallenberg era una de las modelos más famosas de su época, y protagonizó junto a Jane Fonda Barbarella de Roger Vadim como la perversa y sensual Reina Negra. Marianne recuerda: "Éramos terriblemente felices. Jóvenes, ricos, protegidos, con el mundo a nuestros pies". Más de treinta años después de aquellos años dorados, las musas siguen activas, verdaderas sobrevivientes, íntimas amigas. Hace tres años, el programa Absolutely Fabulous del canal británico Comedy Central las juntó para interpretar al Diablo (Anita) y Dios (Marianne). Fue un éxito. Pero a los productores les costó lidiar con ellas. Marianne decía: "Me temo que fuimos un poco crueles en los primeros encuentros. Anita puede ser amenazante. Y grandiosa. Puede decir cosas como 'Fui en el Rolls Royce de Brian a buscarlo al aeropuerto de Milán; tenía puesto mi saco de piel de zorro rojo'. Lo que querían sacarnos era la gloria de aquellos años, querían vernos chusmeando, hablando, contando anécdotas. Y se dieron cuenta de que formamos una pareja de comedia estupenda. Hasta nos propusieron salir de gira. Quizá lo hagamos. De cualquier manera, lo queramos o no, somos como siamesas. No podemos separarnos. Somos como la sal y pimienta de los '60". La diosa Marianne Faithfull nació en 1946. Su madre, una baronesa austríaca, era descendiente de Leopold Von Sacher-Masoch, el autor del clásico sadomasoquista La Venus de las pieles. Su padre era un espía británico que dedicaba su tiempo libre a inventar juguetes sexuales. A los 13 años ya protagonizaba piezas de Shakespeare, y a los 17 paseaba por la galería de su novio John Dunbar, uno de los gestores del Swinging London, y se codeaba con los Beatles y los Rolling Stones. Pero todavía actuaba: fue Ofelia en la versión fílmica de Hamlet de Tony Richardson y obtuvo un pequeño papel en Made in the U.S.A de Jean-Luc Godard. Marianne era hermosa, etérea y culta, y pronto el hábil manager de los Stones la contrató para que cantara canciones pop. Su primer hit fue "As Tears Go By", una canción de Jagger-Richards, y enseguida grabó "Blowin' in the Wind" de Bob Dylan (que la cortejaba). Pero en 1966 se enamoró de Mick Jagger, y un año después protagonizó la más célebre –y falsa– anécdota de los Rolling Stones. La banda y algunos amigos descansaban de un viaje de ácido en la mansión de Keith Richards, Redlands, y la policía hizo un allanamiento. Encontraron la cantidad de droga suficiente para mandar a los Stones a la cárcel, pero ella llegó a los titulares porque se decía que la habían encontrado desnuda, con un bombón Mars en la vagina, quelamían Jagger y Richards. "Esa historia me sigue disgustando", dice Marianne hoy. "Nunca la encontré graciosa, y me volví loca tratando de averiguar de dónde había salido el rumor. Fue indignante." Un año después quedó embarazada de Mick Jagger, perdió el bebé, escribió "Sister Morphine" (los Stones no se molestaron en ponerla en los créditos del disco), intentó suicidarse y fue arrestada cuando, muy borracha, hizo un escándalo en un restaurante indio de Londres tras enterarse del casamiento de Mick Jagger con la heredera nicaragüense Bianca Pérez. Recién diez años después fue capaz de escribir sus propias canciones y el mundo calló asombrado ante el resultado. Broken English, editado en 1979, es uno de los mejores discos de rock de la historia; aunque nunca llegó a ser popular, fue sumamente influyente y generaciones de chicas punk trataron de copiar el raro estilo vocal de Marianne. "Mi voz es madura", dice ella. "Está cargada de tiempo, marcada por cada cigarrillo que me fumé y cada whisky que bebí." De la voz angelical a la voz decadente, pero siempre hermosa. El tema más famoso de Broken English es "La balada de Lucy Jordan", sobre una ama de casa suicida, con una letra mítica sobre sintetizadores (toda una rareza entonces): "En una cama blanca suburbana de un blanco pueblo suburbano/ Acostada bajo las frazadas, Lucy soñaba con miles de amantes/ Hasta que el mundo se puso anaranjado y la habitación empezó a girar/ A los 37 años se dio cuenta de que nunca había manejado por París en un auto deportivo/ con el viento caliente en su pelo/ Así que dejó que sonara el teléfono y cantó canciones de cuna que había memorizado en la mecedora de su padre". Broken English es un disco decadente, furioso, triste y hermoso; Marianne lo grabó cuando todavía era adicta a la heroína, hábito que mantuvo durante los cinco años siguientes, cuando se dedicaba a cantar sobre mujeres caídas en desgracia que deambulaban solas por la ciudad, una pintura bastante exacta de su propia vida. En 1987, limpia de heroína, grabó Strange Weather, una colección de covers casi perfecta. En los '90, se convirtió en la mejor intérprete de Kurt Weill y la música de cabaret de la República de Weimar (superior incluso a Ute Lemper) y hasta se atrevió a reversionar a Marlene Dietrich y salir airosa. En 1995 escribió su autobiografía, Faithfull: "Me dijeron que iba a ser un trabajo bueno para mi alma. Sí, claro. La escribí sólo por dinero. Fue muy bueno para mis finanzas". Allí, entre otras cosas, confiesa que Keith Richards era mucho mejor amante que Mick Jagger, lo que Keith –su amigo hasta hoy– agradeció pública y calurosamente. Hace menos de un mes, Marianne Faithfull editó un nuevo disco. Se llama Before the poison y es extraordinario. Dos años atrás, en Kissing Time, habían colaborado con ella Jarvis Cocker y Beck, pero ahora le pidió ayuda a Nick Cave, P.J. Harvey y Damon Albarn (de Blur). Todos trabajaron con reverencia para Marianne, y le dieron composiciones excelentes, que ella reescribió o le agregó letras en algunas ocasiones. "Crazy Love", con música de Nick Cave, es de un romanticismo estremecedor, y Marianne interpreta el tema "No Child of Mine" de P.J. Harvey como si le perteneciera. Pero la sorpresa es el aporte de Albarn, "Last Song", una canción folk de delicadeza extrema que la voz rota de Marianne se encarga de retorcer. Es uno de los mejores discos del año, pero probablemente pasará inadvertido, como siempre. Marianne está acostumbrada. "La gente sólo conoce mi nombre. No sabe qué es lo que hago. Muchos piensan que mi vida es más interesante que mi música. Ellos se lo pierden." La diablesa Anita Pallenberg tiene 61 años, y durante mucho tiempo se la consideró una verdadera bruja. Decían que guardaba restos humanos, que invocaba a las fuerzas oscuras para deshacerse de la gente que le disgustaba, y su fama de maligna llegó a su pico más alto cuando, en 1979, un chico de diecisiete años se suicidó en su cama jugando con una pistola de Keith Richards. "Cuando Scott se mató en mi casa, fue el fin de mi pareja con Keith", dice hoy Anita. Habían soportado mucho juntos. Anita entró alcírculo de los Stones como novia de Brian Jones; Bob Dylan tituló su mítico disco Blonde on Blonde (Rubio sobre rubio) por su fascinación con la decadente y glamorosa pareja. Ella era hija de una aristocrática familia alemana residente en Roma, restauradora de obras de arte, sumamente culta. A fines de 1967 viajó con su novio y Keith a Tánger; Brian sufrió una sobredosis, fue abandonado por el camino, y Anita cayó en brazos de Keith. La traición precipitó la salida de Brian de los Rolling Stones –murió ahogado en la pileta de su casa ese mismo año– y cimentó la leyenda del poder sobrenatural de Anita sobre los Rolling Stones. "Pienso que Brian fue la pasión de mi vida", recuerda ella. "Hay una diferencia entre amor y pasión. Keith fue mi gran amor, pero yo estaba apasionadamente enamorada de Brian." Keith, por su parte, dice: "Yo era el gran amigo de Brian, y entonces le quité a su novia. Lo cagué todo, para siempre. Nunca me perdonó por eso, y no lo culpo". Anita, mientras tanto, transformó al hasta entonces tímido Keith en una estrella de rock. Le enseñó a maquillarse, le arregló el pelo, le elegía la ropa. Enseguida, Anita se convirtió en un Rolling Stone. Grabó los coros de "Simpatía por el demonio" y le mostraban las canciones, que sólo eran grabadas cuando Anita aprobaba. En 1968, protagonizó Performance, de Donald Cammell y Nicholas Roeg, una de las películas fundamentales de la década, junto a Mick Jagger. Ella escribió parte del guión. Durante el rodaje, Anita tuvo sexo con Mick Jagger; la escena no quedó en la película, pero los productores la editaron y la enviaron como mediometraje a festivales pornográficos del mundo (se alzó con el primer premio en Amsterdam). Hoy es inconseguible. Un año después, tuvo su primer hijo con Keith Richards, Marlon –bautizado en homenaje a Brando, amigo de la pareja– y dos años después a Angela. En 1976 falleció su tercer hijo, Tara, y la separación de la pareja era inminente. Ambos eran adictos a la heroína. El crítico Nick Kent escribía entonces: "Ya no eran el Scott y la Zelda del rock. Tenían el aspecto de una trágica pareja encerrada en su caparazón saliendo juntos de un campo de concentración. Pensé que iban a morir". Anita resume lo que ocurrió después de ese trágico año: "Hicimos un tratamiento eléctrico para dejar la heroína, pero no funcionó porque no pusimos nada de nuestra parte. Cuando me separé, comenzaron letales años de juerga. Toqué fondo. Me echaban de todos lados. Le ponía tranquilizante de caballos a la cerveza. Estuve en sala de urgencias, en chalecos de fuerza, me rompí la cadera. Tuve una neumonía que casi me mata. Terminé en un famoso hospital para alcohólicos, con colchones en las paredes, sudando, paralizada. Traté de desintoxicarme durante años, pero sólo lo logré en los '90". Por esa época, se convirtió en una leyenda de Londres. Se la podía ver con su bicicleta, recuperada, otra vez hermosa, trabajando en centros de tratamiento para adictos. Volvió a la universidad y estudió diseño de indumentaria. Y entonces, diseñadores famosos como Anna Sui y Zac Posen empezaron a citar su estilo como una influencia importantísima. Anita se atrevió a lanzar su propia línea de ropa, Burn, que cada día se vende mejor. Y es una de las editoras en la revista Cheap Date, especializada en moda de segunda mano, una especie de "hazlo tú mismo" que enseña cómo ser glamoroso con pocos pesos; el editor general es su hijo, Marlon Richards. Varias editoriales la están tentando para que escriba su autobiografía, pero ella no está interesada; tampoco quiere editar las películas caseras de los Rolling Stones que guarda celosamente. Ahora se la ve en cada evento del mundo de la moda en Londres y es anfitriona de otros eventos cuando se lo piden. "No quiero hablar del pasado. Sólo es mitología", dice. "Creo de verdad que los héroes del rock forman parte de la mitología. Cuando se habla de los Stones, es como si se hablara de Hércules o Zeus. Es lo mismo. Además, me siento como si tuviera todo el tiempo del mundo. Marianne sigue siendo mi mejor amiga. Mis hijos y mis nietos están a mi alrededor, estoy limpia, Keith es mi amigo. ¡Si hasta le tejí los primeros enteritos para sus hijas con Patti (Hansen, la actualesposa de Richards)! Lo respeto, y lo quiero. En Año Nuevo, la familia entera se reúne en Jamaica. Y lo pasamos muy bien."
FUENTE : PAGINA 12 - MODA  Por Mariana Enriquez


marianne faithfull 
Algunas vidas representan toda una era. Cole Porter es la era del jazz y la crisis de 1929. Alfred P. Sloan, cuyo reinado en General Motors comenzó cuando las calles de las ciudades aún olían a estiercol y terminó con las primeras congestiones de tránsito, es la era del coche. Marianne Faithfull, que tuvo su primer éxito en 1964 -una canción escrita a los 20 años de edad por Mick Jagger y su amigo Keith Richards–, es rock ‘n’ roll. Ella tenía 17 años, y era una remilgada rubia británica que despertaba fantasías aristocráticas. Andres Loog Oldham, manager de los Rolling Stones, se le acercó en una fiesta donde había integrantes de los Rolling Stones y los Beatles, y le aseguró: “Voy a convertirte en una estrella, ¡y eso es sólo el comienzo, nena!”.
En las siguientes décadas, Faithfull vivió una multiplicidad de vidas, navegando y, a veces, al borde de ser destruida por una energía extática que ella ayudó a desatar. Ella era “la chica del momento” [It Girl]. Una figura ingenua del pop en 1964, una estrella en 1965, un tórrido romance de una noche de Richards en 1966, la musa y pareja de Jagger durante varios años, la cantante que rechazó a Bob Dylan, Miss X en la famosa redada en la casa de Richards en Redlands en 1967, la mejor amiga de la modelo Anita Pallenberg; amante de la magia negra y los alucinógenos. Probó y tocó todo lo que fascinó a su generación de baby-boomers. “Siempre fue percibida como una mujer muy valiente, muy genial, que se inventó a sí misma”, dijo la actriz británica Charlotte Rampling. “Siempre fue ella misma, sin seguir ningún molde, y es muy impresionante cuando una persona puede vivir de esa forma”.



Para Faithfull, el período posterior al intento de suicidio fue un cambio de las drogas expansivas a los somníferos, de una búsqueda experimental a la búsqueda de insconciencia, de escape. Un desastre personal para Faithfull, la resaca posterior a los años ‘60 fue parte también de un sentimiento generalizado de malestar: Vietnam, el Watergate, la OPEP. En un momento, Faithfull se volvió muy autodestructiva. En sus memorias, recuerda una conversación que escuchó entre Jagger y Ahmet Ertegun, el fundador de Atlantic Records. “Hay una sola cosa por hacer”, le dijo Ertegun a Jagger. “He visto a muchos hombres con el corazón roto por culpa de drogadictas. Arruinan la vida de todos los que están a su alrededor. Es un agujero sin fondo y te arrastrará al menos que la dejes ir”
. 
ANITA PALENBERG

SIEMPRE FUE ELLA MISMA
AMANTE DE LA MAGIA NEGRA UN ICONO DEL IT GIRL LONDINENSE DE LOS AÑOS 60. 





ANITA EN BARBARELLA Y CON PELO NEGRO


Fuente: THE WALL STRET JOURNAL - By:  Riche Cohen

CHICAS : IT LONDON 

de décadas posteriores siguieron las tendencias de las MUJERES LONDINENSES

KATE MOSS






ANITA ALVAREZ DE TOLEDO 

Argentina - cantante , corista de Ceratti y

 Gloria Gainor DJ y referente de LA 

MUSICA Y LA ESTETICA VINTAGE 

VANGUARDISTA 



CARA DELEVIGNE IT GIRL LONDON 

ACTUAL (2014-2015)

miércoles, 14 de octubre de 2015

- PERSONAS DESTACADAS DE LA MODA Y EL ARTE - PERIODISTA - DIANA VREELAND . Creadora de la EDITORA DE MODAS



1920 - 1930
SU HISTORIA EN 
"HARPER.S BAZAAR"Diana Vreeland tuvo un sueño que duró toda una década –entre ponerlo en pie, darle forma y disfrutar de los éxitos que había obtenido–: ser la chica de moda. El absoluto desencadenante para esta titánica empresa fue el flechazo que tuvo al ver a Reed Vreeland, su marido. Tras casarse se mudaron a Londres, donde empezaron una vida mundana en pareja plagada de románticos viajes por Europa. 
El matrimonio cambió su residencia de Londres a Nueva York y fue a finales de la década de 1930 cuando Carmel Snow atisbó un fenómeno en la pista de baile del Hotel St. Regis. Diana Vreeland estaba bailando en el centro con un rompedor outfit y las mejillas encendidas en maquillaje rojo. Carmel instó a Diana a trabajar con ella como editora de moda en Harper’s Bazaar. La primera aportación de Vreeland a la publicación fue una hilarante columna desde la que dictaba divertidas propuestas unas veces y lanzaba atrevidos retos las otras. La columna se llamóWhy don’t you?, una interrogación que se convirtió en una fantástica forma de zarandear remilgos sociales anclados en la tradición.
Veinticinco años en el cargo dieron el margen suficiente a Diana Vreeland para poner patas arriba el oficio de editora de moda. Hasta entonces el cargo sólo comprendía las funciones de una señorita de sociedad, que viste a otras señoritas de sociedad... Ella, en cambio, inventó desde cero una nueva profesión, insuflando creatividad con su ojo especialmente dotado para descubrir el talento.
Forman parte de la leyenda de Diana Vreeland sus costosas producciones. No había cabida para la mediocridad. Las sesiones en las que intervenía Diana brillaban con luz nueva, con un poder mágico. Richard Avedon fue llamado a trabajar con Vreeland por mediación de Carmel Snow. El fotógrafo se batió en retirada tras el primer encontronazo con Diana, pero el empeño de Snow hizo que repitieran. El tándem directora creativa - fotógrafo terminó siendo un sólido binomio de creatividad sin precedentes.
El período en el que Diana trabajó para Harper’s Bazaar coincidió también con un momento personal de lo más intenso. Reed tuvo que abandonar Nueva York e instalarse en Canadá; la Segunda Guerra Mundial impuso una mudanza forzosa. Diana se quedó en N.Y.C. manteniendo su cargo de editora de moda al frente de la publicación.
El fin de su periplo en Harper’s vino con la retirada de Carmel Snow. Diana Vreeland era la perfecta editora de moda, pero no era la candidata idónea para la dirección. Su visión era magnífica para crear universos estéticos, pero no para dirigir la revista.El fotógrafo se batió en retirada tras el primer encontronazo con Diana, pero el empeño de Snow hizo que repitieran. El tándem directora creativa - fotógrafo terminó siendo un sólido binomio de creatividad sin precedentes. 
El período en el que Diana trabajó para Harper’s Bazaar coincidió también con un momento personal de lo más intenso. Reed tuvo que abandonar Nueva York e instalarse en Canadá; la Segunda Guerra Mundial impuso una mudanza forzosa. Diana se quedó en N.Y.C. manteniendo su cargo de editora de moda al frente de la publicación.
El fin de su periplo en Harper’s vino con la retirada de Carmel Snow. Diana Vreeland era la perfecta editora de moda, pero no era la candidata idónea para la dirección. Su visión era magnífica para crear universos estéticos, pero no para dirigir la revista.
1963 
- 1971
LOS AÑOS EN  VOGUE 


Sam Newhouse había adquirido recientemente la editorial Condé Nast y a falta de una directora enVogue contrató a Diana. Empezaba una década vibrante, llena de rompedoras innovaciones. La década de los sesenta fue sin duda la de Diana. Adoraba y veneraba cada pequeña muestra de irreverencia, cada bocanada de aire fresco. Su trabajo viró en un producto mucho más exquisito, y también más costoso.
Por ello, y por su falta de conexión con la nueva época, Diana fue despedida en 1971.
Pero si por algo fue importante el período que abarcó su estancia en Vogue, fue por haberla golpeado profundamente con la muerte de Reed. La carismática editora vio menguar su pasión y su arrojo.
FUENTE: http://www.vogue.es/moda/modapedia/personajes/diana-vreeland/12
Si hay una institución en la moda, esa es Diana Vreeland. Ella creó a la editora de moda tal y como la conocemos hoy en día. Pero a menudo, su trabajo y legado han quedado eclipsados por esa “excentricidad” con la que se tiende a adjetivarla. En su famosa columna Why Don’t You que inició en 1936 en Harper’s Bazaar, se adivinaba ya en ella una visión del mundo absolutamente revolucionaria. “Por qué no pintas un mapa del mundo en las cuatro paredes de la habitación de tus niños, así no crecerán con un punto de vista provinciano”. Pero Diana no era rarita, simplemente vivía unas cuantas décadas por delante de su tiempo.

El documental y el libro The Eye Has to Travel, proyectos ambos de Lisa Immordino Vreeland, mujer del nieto de la editora, la resucitaron del olvido y ayudaron a comprender un poco más la importancia de Diana como “la editora de moda”. Este octubre una nueva publicación añade nuevos datos sobre su particular visión. Diana Vreeland Memos, editada por su nieto Alexander Vreeland y publicada por Rizzoli, recoge una selección de los recordatorios mecanografiados con ideas, ocurrencias y comentarios que transcribieron a sus secretarias durante su estancia en Vogue como editora jefe entre 1963 y 1971.

Con mucha atención a los detalles, las “memos” de Vreeland, además de ser rompedoras por sus ideas avanzadas, nos hablan entre líneas de otra manera de hacer moda. Otorgando un gran peso a la creatividad, Vreeland era, más que una sagaz vendedora, una gran comunicadora. Sus poéticas palabras son seductoras imágenes que celebran la mujer independiente, invitan al progreso, exaltan el cambio y premian la autoaceptación. Abrazando siempre con entusiasmo aquello que olía a nuevo, Vreeland se apresuraba a compartirlo con su equipo para transformarlo en imágenes y lemas con la intención de hacer más feliz la vida de sus lectoras.

Pero, quizá lo más sorprendente de todo, es que casi cincuenta años después, muchas de esas notas pueden ser leídas en clave actual. Sus reflexiones acerca de la noción de belleza, la emancipación de la mujer o el valor de la moda y el estilo, podrían ser formuladas hoy en este mundo que celebra la fama instantánea y la belleza recauchutada. ¿Hacemos la prueba?

1. ¡Viva el estilo con personalidad!


Diana Vreeland era una gran defensora del estilo personal, más allá de la edad o las características físicas de uno mismo. “No intentes ser otra persona, simplemente muestra lo mejor de ti”, sentencia. Ayudar a sus lectoras a hacerlo entrañaba parte de su reto. El deporte y una vida sana eran sus ingredientes preferidos para sobrellevar la edad con elegancia.

2. Un must

Vreeland estaba continuamente al acecho de aquella prenda o complemento que cambiaría nuestra forma de vestir. En muchas de las notas insiste en piezas que sabe que cambiarán los hábitos de las mujeres de su época. Convertir la tradicional alpargata, asociada a los campesino en la época, en objeto de moda fue una de sus muchas ocurrencias.

3. La voz de la editora

En un momento en el que las marcas cada vez tienen más poder sobre las piezas editoriales de las revistas, sorprende y se agradecen los puños sobre la mesa que hace en algunas de las cartas. “Todo el mundo parece ser un editor frustrado!” exclama en una de ellas para tranquilizar a la editora Consuelo Crespi tras alguna trifulca con un diseñador poco contento con unas fotos. Cuantas editoras y estilistas estarán deseando hacerlo lo mismo en estos momentos…
Notas Vreeland
Un ejemplo de los memorándums que Vreeland dictaba. 1971 como el año del lazo.
Foto: © Diana Vreeland Estate/ Cortesía de 'Diana Vreeland Memos'.
4. Eres única

Diana Vreeland no era una belleza al uso. Su madre la llamaba fea, pero ella consiguió convertir su perfil en algo extraordinario y usaba su trabajo para reivindicar las narices importantes. Contraria a la cirugía estética, Barbra Streisand o Maria Callas fueron algunas de sus musas.

5. Belleza sin artificios


Vreeland imaginaba con claridad la imagen que quería transmitir y comunicaba con precisión a su equipo todos los detalles importantes a tener en cuenta para conseguirlo. Sonny y Cher tenían que ser fotografiados pero a Vreeland le aterrorizaba la cantidad de maquillaje que la cantante llevaba, así que indicó a su equipo que nada de kilos de base y rimel, debía ir a cara lavada. Que si hacía falta ya hablaría con Cher para hacerla entrar en razón.
6. Lo singular te hace especial
Al igual que las narices grandes, Vreeland parecía disfrutar buscando y resaltando características únicas. Resulta divertida la reivindicación a las pecas de las modelos que hace en una de sus notas a las que define como “coquetas”. Y es que todavía hoy, muchas modelos ven como sus pecas son camufladas bajo el maquillaje como algo que hay que esconder.

7. Más es más, pero menos puede ser más

Vreeland era concreta, pero también flexible y una mujer que sabía delegar. En una ocasión anota que hay que usar sombreros, bien grandes, para añadir a continuación que si a la chica no le quedan bien, que la fotografíen sin nada. Muchos de sus colaboradores explican el margen de libertad que otorgaba para hacer las sesiones de moda. Al no estar demasiado pautadas, la creatividad y la historia fluía dando lugar a imágenes que han trascendido en el tiempo.

8. Los famosos llegan a las revistas

Se dice que Vreeland fue la primera en poner a posar a rostros famosos de la cultura popular. En abril de 1965 abría la veda y comentaba que no quería usar modelos profesionales para Vogue, sino “actrices y chicas jóvenes y guapas de todo el mundo”. Por las páginas de sus revistas desfilaron la antes mencionada Cher. También Mick Jagger y los Beatles.

9. Denim Forever
“Los tejanos son la cosa más bonita desde que se creó la góndola” dice una de sus citas más famosas. Y en sus notas no se olvida de subrayar que el tejano es un invento que no hay de perder de vista, tanto por su color como por su tipo de tejido para pronosticar que será imporante.

10. El ojo tiene que viajar

El movimiento y el viaje fueron el motor de la filosofía de Vreeland. Ella fue la primera editora que mandó a sus equipos a destinos tan lejanos como Irán o Japón. Quería que sus lectoras viajaran con la revista y abrieran sus mentes a otras culturas. Su historia “The Great Fur Caravan”, fotografiada por Avedon en Japón, protagonizada por Verushka y con estilismo de Polly Mellen es, sin duda, uno de sus mayores hitos.
Vreeland dentro
Vreeland, siempre auténtica
Foto: Francesco Scavullo/ Cortesía de 'Diana Vreeland memos'
FUENTE: DIARIO "EL PAIS" EDICION DE MODA.